domingo, 9 de noviembre de 2014

Cine. Serena






Prescindible  
Título original: Serena
Duración: 109  minutos
Director: Susanne Bier
Guión:  Christopher Kyle (Novela: Ron Rash)
Reparto:  Jennifer Lawrence, Bradley Cooper


Este es un melodrama que sería bonito ver una tarde de invierno en un espacio de la tele dedicado a cine antiguo de segundo nivel. Pero acudir a una sala produce exigencias muy diferentes, y la película decepciona. George y Serena son los propietarios de una industria maderera en Carolina del Norte, en fechas próximas a la gran depresión. En su historia hay pasión, celos, corrupción, fatalidad y asesinatos. Nada de todo ello resulta interesante y los personajes y su tragedia acaban adquiriendo un aire guiñolesco. Lo mejor es la ambientación de la industria de tala de pinos en la América de finales de los años veinte.

sábado, 8 de noviembre de 2014

Cine. Interstellar



Elogio de los prejuicios y pasmo ante la crítica

Título original: Interstellar
Duración: 169  minutos
Guión:  Jonathan Nolan, Christopher Nolan (Historia: Kip Thorne)

En vez de este comentario debería escribir cien veces “no iré a películas de ciencia ficción”, y cumplirlo aunque alguien me diga que no hay que cerrarse a nada y que los prejuicios son frenos a nuevas experiencias repletas de bonitas sorpresas. Si no hubiera desactivado mis prejuicios contra la ciencia ficción me habría ahorrado un bodrio de tres horas, pretencioso y repleto de una insoportable jerga seudocientífica, en la que un granjero-astronauta-padre de familia emprende un viaje al espacio con el propósito de encontrar un lugar en el que reinstalar a la humanidad, que está en las últimas, dedicada a cultivar maíz entre nubes de polvo, plagas y enfermedades.
Mis prejuicios me habrían evitado una interminable sucesión de accidentes astronáuticos en la cual la acción da saltos en el espacio y el tiempo, la palabra “cuántico” se utiliza con asombroso desparpajo, las tres dimensiones que a duras penas conocemos se multiplican sin ton ni son gracias a la soltura del guionista y por haber hay hasta fantasmas. Benditos prejuicios.
Pero claro, hay que abrirse a nuevas experiencias. Me animo a hacerlo avivando el recuerdo reciente de Her, que me entusiasmó, y mirando en mi librería las maravillosas Crónicas Marcianas de Ray Bradbury, y por supuesto escuchando a la crítica, que dice cosas sobre Insterstellar como lo que escribe en ABC Oti R. Marchante: "Cine lleno de espacio, pero también de espiritualidad, de apoteosis y sentimiento, con imágenes, parajes, ideas y sensaciones equiparables en espectacularidad y pulso reflexivo".O Boyero, en El País: "La aventura está bien contada, no fatiga a pesar de sus tres horas de metraje”.
Total, que voy a ver Insterstellar y gracias a la buena compañía, compuesta a partes iguales por amantes y odiadores de la ciencia ficción, pasamos una noche estupenda comentando lo mucho que nos hemos aburrido y festejando que hayan terminado las supuestamente no fatigantes tres horas de metraje.

Cine. Dos días, una noche



Difícil contar tan bien una historia como esta
Título original: Deux jours, une nuit Duración: 95  minutos
Guión:  Jean-Pierre Dardenne, Luc Dardedenne

Para que Sandra conserve su trabajo sus compañeros deben renunciar a cobrar una prima de 1.000 euros. Con este fin emprende durante un fin de semana una campaña en pos de votos favorables por las casas de quienes tienen en sus manos no solo su puesto de trabajo y su hipoteca, sino también su estabilidad emocional y su autoestima. El arranque resulta un poco monótono: un timbre, una cara que asoma, una petición y una respuesta se repiten varias veces. Pero la conexión con el drama de Sandra surge enseguida, porque está tratado sin maniqueísmos ni simplificaciones y porque lo que se ventila es mucho más que la conservación de un puesto de trabajo.

La magnífica interpretación de Marion Cotillard nos engancha a una mujer que corre dopada y sin ganas una carrera de obstáculos, con su marido al lado como entrenador correoso que no permite desfallecimientos Es un combate casa a casa, en el que recibe algún golpe físico y bastantes zurriagazos emocionales: la amiga que no responde al otro lado del contestador; la culpa que siente al pedir lo que pide; las dudas sobre los sentimientos reales de su marido; la sensación de que su esfuerzo no vale la pena, la empatía que siente con quienes le deniegan su ayuda, la angustia física agarrándose a su garganta, el torrente de lágrimas que debe frenar al llamar al siguiente.

La historia está contada con sobriedad. Los compañeros de Sandra no se dividen en generosos y mezquinos, egoístas y solidarios, sino que son gente que tiene problemas verosímiles y actitudes entendibles. Tras la votación vemos ya a una Sandra diferente. Una última vuelta de tuerca del guión nos remata la transformación de su personaje en una mujer que ha recobrado la autoridad sobre su vida.

viernes, 31 de octubre de 2014

Memorias. Retrato de una familia turca, de Irfan Orga

Tras despedir a las criadas
Casiopea
318 pags.

Dice Ignacio que este es un libro “acogedor”. A mí me parece que más bien es un relato interesante y a ratos conmovedor, si bien no es el libro en el que me he sentido más cómoda, ni el personaje con el que mejor he conectado, tal vez porque el relato abarca solo una parte pequeña de la vida del autor–su infancia y su primera juventud, sobre todo- y por tanto el personaje que llegó a ser se escapa. Su gran valor no es literario, sino que radica en la autenticidad de la historia que nos cuenta. Podría ser la historia del hundimiento económico y social de cualquier familia, pero tiene el interés de la Turquía que describe y de los ojos inteligentes del niño que la vive, un niño asustado y audaz al tiempo, que nos mete en la intimidad de su casa.

El libro relata la historia de una familia turca que pasa de la prosperidad a la pobreza en tan solo unos pocos años y se normaliza finalmente en tiempos de Atatürk, el modernizador de Turquía, bajo el auspicio del ejército, que da educación y trabajo al joven cabeza de familia.

La primera guerra mundial, la muerte de los varones de la familia y la mala suerte dejaron a tres niños de la alta burguesía de Istambul al cuidado de una madre enfermiza y una abuela autoritaria y caprichosa, que tuvieron que despedir a las criadas, mudarse a un barrio pobre, empezar a trabajar y pasar mucha hambre. Es un precioso relato, vívido y punzante, el de ese niño que va levantándose como ser humano en un mundo que cae, que siente el sufrimiento y la angustia de su madre, y  que percibe las rencillas entre madre y abuela y el difícil y el valeroso encaje de ambas en un ambiente que no es el suyo. También es interesante la descripción del paso del sultanato a la modernización que llevó Atatürk al país, vista desde los ojos de un adolescente de la época, que observa cómo desaparecen los velos de las mujeres mientras los hombres son obligados a llevar sombrero y callan los muecines. En ese entorno, la familia Orga es dotada de un apellido, cosa que no existía en la Turquía de antes de la guerra, y se reinventa entre convulsiones.

Las memorias de Irfan Orga tuvieron mucho éxito en los años 50 en Inglaterra y Estados Unidos. El epílogo, escrito por la hija del autor, arroja algo de luz sobre el resto de su vida, y ayuda a comprender las relaciones que le unieron –y desunieron- con su madre hasta que ella murió.