lunes, 14 de agosto de 2017

Novela. Una cena en casa de los Timmins, de William M. Tackeray

Periférica
62 pags.

Delicia victoriana


   En verano la gente da cenas. Se hacen listas, se estudian menús, se mandan whatsapps, se va a la compra, se cuentan cubiertos, platos y vasos, se compra el ajuar doméstico que falta y se amasan cantidades ingentes de hielo. También se estudian y procuran nuevas relaciones, se desactivan otras menos deseables y se trabaja mucho. Durante la primera mitad del siglo XIX, en el inicio del verano londinense –lo que se llamaba la season- también ocurría este trajín, y Tackeray lo retrata en este pequeño librito de apenas 60 páginas que es una delicia y un estupendo retrato -uno más- del snobismo inglés.  

Novela. ¡Menudo reparto! de Jonathan Coe

Inteligente, divertido y muy literario discurso podemita

Anagrama
577 pags.

   Sí, ya sé que son muchos adjetivos para un título, pero no me resisto a calificar de un tirón esta estupenda novela, que está estructurada, documentada y narrada con gran talento, que contiene páginas hilarantes, que está construida con materiales cinéfilos y metaliterarios y cuyo argumento se sostiene sobre el gran principio podemita: los ricos son el infierno y la causa de todos nuestros males; ellos, y su contubernio ancestral con las élites, son la peste de nuestro tiempo; ellos y su alianza con los medios de comunicación, con la industria, los bancos, las mafias internacionales y los partidos políticos de izquierda y derecha, que pastelean en la basura del establishment, son el Mal.
   Luego está la gente. Michael pertenece a este segundo grupo, el de las víctimas de los recortes en la sanidad pública, el de los envenenados por las grandes corporaciones alimentarias, el de los animalillos que son torturados para aumentar las ganancias de los ganaderos, el de los artistas, los que van en bici, los jubilados, los estafados por los bancos, etc etc. La mayor parte de la historia de Michael transcurre en los años de Margaret Thatcher y el retrato social que Coe hace al hilo de su trama es implacable.
   Michael, que en las mejores páginas de la novela actúa como narrador, es un escritor estancado, que vive en el aislamiento más total por oscuras razones y que un día recibe el encargo de escribir la historia de la familia Winshaw. Y los Winshaw son la encarnación del mal. Ningún formato de la corrupción les es ajeno: filonazis, traficantes de armas, acosadores de mujeres, sádicos, traidores, trepas, estafadores y asesinos. Coe ha tenido el acierto de no regatear negrura en su retrato, que es más bien paródico y que está escrito con un sentido del humor impagable. Otro de sus aciertos es la habilidad con que salta de este registro –la descripción despiadada y satírica de los malos en su grotesca salsa- al tono intimista con que nos conduce al mundo de Michael, que poco a poco va saliendo de su agujero y empieza a construirse a sí mismo, mientras revive recuerdos de su infancia, inicia nuevas relaciones y va descubriendo quién es, gracias a las audaces sorpresas que la trama nos va ofreciendo. Coe nos introduce en este abrirse de Michael al mundo con una finura espectacular. Cuando utiliza la voz del propio Michael es tierno, divertido, ácido a ratos, siempre inteligente. Cuando es un narrador omnisciente quien lo presenta o se sirve de supuestos documentos es de una agilidad adictiva. 
  Los distintos personajes con los que se va relacionando Michael están también magníficamente construidos, en especial los que tienen relación con la trama de la familia Winshaw: el idealista que se inflitra entre los traficantes de armas, la joven artista acosada por el malvado y poderoso marchante o el detective de inofensivas perversiones que investiga a los Winshaw nos proporcionan escenas deliciosas. Aunque en realidad todos los personajes de una forma u otra están relacionados con los Winshaw, porque Coe tiene la inteligencia de fabricar con buenos y malos un culebrón de tomo y lomo, en el que los hilos argumentales se cruzan de forma absolutamente rocambolesca, a pesar de lo cual el talento del escritor Coe sobresale en cada momento, desde los inicios –magnífico ese Michael patoso que empieza  una relación con su vecina que nos hace preguntarnos si alguna vez le veremos echar un polvo con alguien- hasta el final, en el que pasamos de una trama a lo Agatha Christie al sorpresón de las últimas dos páginas.
   El prólogo de Kiko Amat es prescindible. Se empeña en que sepamos que ha captado las referencias cinéfilas y literarias del libro, que corren paralelas a cuanto arriba se ha reseñado y que tienen la virtud de estar muy curradas, sin entorpecer la historia. La peripecia de Michael se muestra vinculada a una película inglesa de segunda fila que le marcó en su infancia, y esta es una referencia fundamental, que está muy bien trabajada y sirve al autor para parodiar escenas, pero sobre todo para hablarnos del miedo a vivir. 
   En resumen, una novela de lo más recomendable. ¡Mil gracias, Ignacio!
    

miércoles, 9 de agosto de 2017

Novela: Un amor que destruye ciudades, de Eileen Chang

Libros del Asteroide
113 pags.

Cuentitos chinos


Compro este libro por su preciosa portada y porque me lo recomiendan en la  librería Farinelli, de La Granja, en la que todo te lo quieres comprar, por lo bonita que es y lo bien colocados que están los libros. En la portada dicen que Chang es “la escritora china más importante del siglo XX”, y evocan a Jane Austen al hablar de sus heroínas. El libro se compone de una novela corta y un relato. La primera es la historia de una mujer de clase media china que en los años 40 vive presa de una familia ramplona y convencional que la empuja a un matrimonio de conveniencia; el segundo es el chispazo de algo parecido al amor que surge entre un hombre y una mujer, sentados en un tranvía que ha quedado bloqueado. El relato es sutil y sugerente. La novela es interesante, pero deja un poso se insatisfacción. 

viernes, 4 de agosto de 2017

Novela. La Cartuja de Parma, de Stendhal

Alianza Editorial
567 pags.
“Novela total”

   Entrecomillo lo de “novela total” porque lo copio de la contraportada, en la que se define así esta pieza fundamental de la literatura europea del XIX, por ser “romántica, de aventuras, histórica y de capa y espada”. Diría que es también “novela moral”, porque así lo quiere el autor, que en su “Advertencia”, o prólogo, explica que censura “con el más moral de los reproches” muchos de los actos de sus personajes.       
  Para el lector del siglo XXI, lo llamativo es que este cúmulo de fórmulas decimonónicas, tejidas en torno a cuatro personajes vinculados por el amor y la política, sigue resultando absolutamente cautivador. Stendhal nos pinta personajes rendidos al amor en un escenario histórico interesante: la Italia que se debate entre el mundo napoleónico, los viejos principios monárquicos y las pequeñas intrigas de las cortes menores, como Parma, donde se retrata a la perfección el despotismo en su versión provinciana y un tanto acomplejada. Con una agilidad digna de una serie de televisión, la trama va cuajando personajes inolvidables, como la duquesa Sanseverina, que está entrando en los cuarenta sin perder encanto, es intrigante y audaz y se enamora de quien no le corresponde. 
   El amor es también el causante de los conflictos fundamentales del joven sobrino de la duquesa, Fabrizio, que es guapísimo y redime su vida disipada perdiendo la cabeza por un imposible. Y loco de amor está el conde Mosca, un personaje magnífico, un político fino y astuto, con mañas depuradas de cortesano triunfador, entrado ya en los cincuenta y enamorado hasta las cachas. Al igual que Clelia, manipulada por la ambición de su padre y protagonista de las páginas más bonitas de la novela, las que relatan el amor en la distancia, el amor virtual, que llamaríamos ahora, entre el preso y la hija del jefe de la prisión, tejido a base de signos que solo los enamorados entienden y que hace al preso preferir la celda a la libertad. La debilidad de Stendhal por la belleza está presente sobre todo en estas páginas y solo por ellas vale la pena la inmersión en este libro que es de otra época pero también lo es de todas las épocas.


sábado, 29 de julio de 2017

Cine. Selfie

Autorretrato despiado

Título original: Selfie
Duración: 85 minutos
Director: Víctor García León
Guión: Víctor García León


    Bosco se hace un selfie en forma de película, o falso documental. Lo que retrata es lo que le ocurre a él, el hijo de un ministro encarcelado por corrupción, cuando su mundo se derrumba. El panorama que nos brinda va desde el super chalet del cual le desahucian hasta el Lavapiés profundo de los proyectos solidarios, en los que reina Podemos. 
   La película tiene muchísima gracia y el formato permite, sobre todo, el lucimiento del personaje principal, Bosco (magnífico Santiago Alverú), el cual básicamente es un pobre gilipollas que repite tópicos sin ninguna convicción y se apaña malamente en el mundo real.     Naturalmente, el padre delincuente es del PP; la identidad corrupta de este partido como tal es un paradigma de salida que el guionista no se molesta en elaborar. Pero no por ello está planteado el guion con ningún maniqueísmo. En el otro lado –el reino de Podemos- tampoco el personaje principal es un hombre puro. Y aquí y allá, en la Moraleja y en Lavapiés, los personajes son igualmente inanes: todos van dando tumbos sin salir del hoyo, manoseando tópicos para salvar el día a día, sin comprender nada y con la capacidad de expresión de un niño de diez años. Su visión del mundo es también, en ambos mundos, infantil y torpemente tramposa. Como contrapartida, hay un magnífico personaje, la ciega solidaria (Macarena Sanz), a la que su discapacidad dota de una visión irreal, y que paradójicamente parece tener las cosas más claras. Y hablando de visión, la madre de Bosco, que es vidente y se escaquea de ver lo que pasa en su casa, es también un personaje divertido.
   La película tal vez se alarga un poco al final, pero vale la pena porque cuenta con elementos memorables: los secretos del podemita solidario, la sorpresa de Bosco al ver las neveras de los desfavorecidos, su noche en casa de la asistenta, su cena con la familia de la novia, su aparición en el mitin del PP, su inmersión en el mundo de las personas con discapacidad… Lo dicho, una película inteligente y divertida, hecha con pocos medios y mucha gracia y con un formato innovador.

domingo, 9 de julio de 2017

Novela. Walter y su contratiempo, de Enrique Vila-Matas



Seix Barral. 303 pags.
Sobre literatura
   A pesar de ser bastante divertido, este es más un libro sobre literatura que un libro sobre la vida, y tal vez por eso no me ha sido fácil mantener el interés en él, pero sin duda es un libro interesante. Cuenta la historia de Mac, un parado de clase media alta, ávido e inteligente lector, que empieza un diario para ver si así logra entender en qué consiste escribir. Vive en el barcelonés barrio del Coyote, y es vecino de un conocido escritor que le tiene cabreado porque apenas le saluda. Mac acaricia continuamente la idea de reescribir una de las primeras novelas de su vecino, Walter y su contratiempo, y mientras aborda el proyecto va y viene por su barrio en una peripecia que corre paralela y a ratos se mezcla con las distintas tramas de la novela que quiere enmendar, de forma que lo que se nos narra es al tiempo una novela –la historia de Mac-, un libro de cuentos –los que contiene la novela del famoso escritor- y un ensayo sobre el hecho literario.
   Vila-Matas nos propone reflexionar sobre la razón de ser de la escritura, sobre la necesidad que tiene el escritor de contar con una voz propia y sobre la narración oral como fuente de esa cadena de repeticiones que es la literatura, mientras seguimos las andanzas de Mac, que es a un tiempo un erudito y un chiflado lleno se sentido del humor que corretea por su barrio.
    Walter y su contratiempo, la obra que Mac aspira a repetir a su modo, es la historia de un ventrílocuo que no logra tener más que una voz, y al introducirnos en ella Vila-Matas parodia a veinte escritores y pasea una mirada burlona por la tarea del cuentista mientras, paradójicamente, nos va narrando pequeñas y primorosas historias. “Escribir es tratar de saber qué escribiríamos si escribiésemos”, dice alguien en el libro. La novela destila un cierto cinismo del que Vila-Matas se redime en las sorprendentes páginas finales, que están llenas de belleza y que parecen plantear que la pureza de la narración oral –la de la Arabia feliz, la de los cuentos orientales- es, en el fondo, lo que sostiene todo el edificio de la literatura.

domingo, 2 de julio de 2017

Novela. La ley del menor, de Ian McEwan



Anagrama. 210 pags.
Grande McEwan
    
    Ian McEwan es un gran escritor y esta es una gran novela, a la altura de Expiación, de Sábado, y de aquella pequeña joya titulada Chesil Beach. Me encanta McEwan porque es un gran trabajador de la literatura. Su sensibilidad y su oficio nos brindan historias en las que nada sobra ni falta, minuciosamente documentadas, sostenidas por una primorosa escritura, atenta a cada detalle, sutil pero nunca superficial, con una densidad de sugerencias que contrasta con la economía de medios que utiliza. Apenas 200 páginas y ¡cuánto nos dice esta novela!
McEwan nos cuenta aquí la historia de Fiona Maye, una jueza con prestigio, de vida apacible, a quien la vida se le vuelve de pronto del revés. Por un lado, su marido le   pide permiso para tener una aventura, ahora que roza los sesenta.  Por otro,  en su puesto de jueza de familia le toca enfrentarse con un complejo dilema moral, el de decidir si Adam Henry, un chico de 17 años enfermo de leucemia, tiene derecho a rechazar una transfusión de sangre en cumplimiento de los preceptos religiosos que le marca su condición de testigo de Jehová. Ninguno de los dos conflictos nos lleva por senderos previsibles ni banales. 
     Fiona se sumerge en un alejamiento de su marido que le lleva a reflexionar sobre lo que ha hecho con su propia vida, y al tiempo entabla una relación con Adam cuyo desarrollo  literario es una joya de sutileza y encanto, una reivindicación de la inocencia y un recorrido por algunos de los escondites en los que se ocultan las respuestas cuando la vida de pronto parece no tener sentido: una relación inesperada, una mirada joven y pura, un beso que se escapa, alguien que pide nuestra ayuda, alguien que se va porque no quiere sufrir. En la vida suceden cosas que nosotros no propiciamos, pero que nos muestran lo que nos pasa y nos interpelan sobre quién somos y qué hacemos aquí. Fiona conoce a Adam Henry al tiempo que su vida de apacible matrimonio sin hijos se viene abajo. Y empieza a verlo todo con una luz nueva.
     No creo que sea esta una novela sobre la fe y la justicia, aunque sea este uno de sus hilos argumentales, ni mucho menos una historia sobre la fidelidad. Es más bien una novela sobre una mujer que aprende a vivir con una nueva conciencia sobre sí misma y sobre el mundo. La trama argumental que teje McEwan y las emociones que la pueblan son la luz que propicia ese cambio, ese despertar, lúcido y doloroso. Todo fluye y encaja como debe; todo está bien narrado y bien explicado; todo es creíble y sugerente. Grande McEwan.