sábado, 10 de diciembre de 2016

Cine. La doncella



En el fondo, en el fondo, una historia de amor
Título original: The handmaiden
Duración: 145 minutos
Director: Park Chang Wook
Guión: Park Chan-wook, Jung Seo-kyung (Novela: Sarah Waters)

   En la Corea de los años 30, dos hombres acechan a una mujer joven, guapa y rica. Uno es su tío, un viejo que la tiene encerrada en una gran mansión desde su infancia; otro es un falso conde japonés, un timador joven y atractivo. El cuarto personaje es la criada que la mujer contrata, que también se nos presenta como falsa y ambiciosa. Todos ellos se transforman a lo largo de la película; ninguno acaba siendo del todo lo que parece al inicio. Estamos ante un cuento oriental muy rebuscado sobre la avaricia, el engaño y el sexo, rodado con tanta belleza y expresado con tanto talento que acaba siendo sencillamente –aunque esta sea una palabra en principio incompatible con el lío argumental- una bonita historia de amor.
     La película está narrada en tres partes, de forma que la historia va avanzando desde distintos puntos de vista y, cuando pensamos que un episodio se ha resuelto, se nos muestran los mismos hechos con nueva información y desde otro punto de vista. Pero lo ingenioso de la estructura narrativa no es lo más atractivo, ni tampoco la estética de cada imagen –esa casa magnífica, medio japonesa medio británica, ese vestuario, esos jardines, esas escenas lésbicas de una delicadeza deslumbrante-; Diría que lo mejor es la evolución de los personajes, en especial de las dos mujeres. En su historia la inocencia cambia de manos varias veces; la vemos desaparecer ante nuestros ojos en escenas eróticas en las que solo los gestos cuentan. Y lo mismo ocurre con el deseo, la ternura, la culpa, la alegría y la desesperación: sucesivamente, señora y criada se desean, se aman, se engañan, se traicionan y se alían. En la transformación de estas mujeres es el amor, y no la pornografía, el gran maestro del sexo. Los hombres son otro rollo. En su lado también se da el amor –eso sí, contra todo pronóstico-, pero el suyo es el territorio de la perversión, la vulgaridad y la torpeza. Esta es una película sobre mujeres, recargada, extraña, liosa, cruel a ratos, con alguna pincelada de humor y repleta de belleza.

martes, 6 de diciembre de 2016

Cine. 1898 Los últimos de Filipinas



Demasiado larga

Título original: 1898, Los últimos de Filipinas
Duración: 129 minutos
Director: Salvador Calvo
Guión: Alejandro Hernández 

    Demasiados minutos para una historia muy bien fotografiada e interpretada, durísima, sobre los 337 días que 50 militares españoles resistieron el cerco de los rebeldes filipinos, incluso tras recibir mensajes de que la guerra había terminado, pasado 1898. El guión construye tramas no históricas sobre algunos personajes, que en general funcionan bien, pero el meollo de la historia es el empecinamiento de los mandos –de algunos de ellos- en defender su posición, negándose a creer a los emisarios.  Todo ello dura demasiado, y la historia pierde pulso. Al final apetece leer las memorias de Martín Cerezo, el oficial al mando de la plaza, que prologó Azorín, aunque da la impresión de que el retrato no es del todo desacertado.

domingo, 4 de diciembre de 2016

Novela. La carne, de Rosa Montero



Alfaguara. 240 pags.
Sesenta años

Cumplir sesenta años, contratar a un gigolo para hacerlo pasar por tu amante, comportarte con torpeza en el trabajo porque alguien más joven y más hábil te está haciendo la cama, tener ideas confusas, sentirte sola e insegura, contradecirte a ti misma. De eso va esta novela de Rosa Montero, una escritora que me cae muy bien. También va de escritores malditos, y de mujeres que sufren. Arranca con mucha garra, pero al final va decayendo y las sorpresas que contiene no tienen suficiente fuste. Lo mejor son las historias de escritores malditos que nos narra, al hilo de la exposición sobre el tema que está preparando la protagonista en la Biblioteca Nacional. Rosa Montero sabe mucho del asunto.

Cine. El ciudadano ilustre


Divertida y tramposa
Título original: El ciudadano ilustre

Duración: 118 minutos


   Tan divertida como tramposa, esta película se basa, como bien dice una amiga mía argentina, en dos grandes tópicos sobre ese país: el tópico del argentino pedante y el del argentino paleto. Los directores han entrado a saco en ambos lugares comunes y han armado un guión lleno de gracia, pero que no acaba de cuajar un planteamiento claro. Total, que sales tras haber pasado un buen rato, pero sin saber qué han pretendido contarte.
   El asunto es que Daniel Mantovani, un escritor argentino laureado con el Nobel, vuelve a su pueblecito natal para ser homenajeado tras casi cuarenta años de ausencia. Daniel lleva años sin escribir y rechaza asistir a los mil eventos a los que es convocado en todo el mundo; vive en Barcelona, está solo, es un engreído y además se ha convertido en un cínico. No sabemos por qué decide volver a su pueblo, pero el caso es que lo hace. Allí es nombrado “ciudadano ilustre” y es alternativamente ensalzado e importunado por los lugareños en una sucesión de escenas realmente muy graciosas. El guionista es suficientemente hábil para equilibrar las tintas negras, y si los vecinos del pueblo son incultos y pelmazos, el escritor es antipático y egoísta, de tal forma que no es fácil del todo tomar parte en el conflicto. La cosa va avanzando y resulta entretenida, pero aquí y allá detectas las trampas, lo inverosímil de la trama y lo superficial de la mirada. Los conflictos que se presentan tienen mucho interés y la  historia invita a reflexiones morales, pero el guión no se moja. Falta profundidad y  evolución en el retrato del escritor, que entra y sale del conflicto en el que se mete sin experimentar la menor transformación, al igual que sus paisanos, lo cual resulta algo decepcionante. El final parece inclinar la balanza a favor de uno de los lados del conflicto, gracias a un giro del guión bastante inconsistente con el tono de comedia que ha predominado hasta entonces por encima de los engolados discursos del escritor, que no sabemos si debemos tomar en serio o en broma.

Cine. Animales nocturnos



o
Buena, a pesar del exceso

Título original: Nocturnal animals
Duración: 115 minutos 
Director: Tom Ford
Guión: Tom Ford (Novela Austin Wright)
Reparto: Amy Adams, , , , , , , , , , , , , , 

       Susan Morrow es rica y desgraciada; vive con un marido guapísimo que le hace poco caso y piensa que su trabajo como galerista es traficar con basura. Su tristeza viene de antiguo y tiene que ver con su primer matrimonio con un escritor en ciernes, Edward. Un día recibe un paquete que contiene una novela. Se la envía su exmarido. Ella está sola en su impresionante casa, y se pone a leerla. Se abren así las dos historias que contiene la película, la que narra la novela de Edward –un drama de violencia rural, que afecta a un buen padre de familia, su mujer y su hija- y la del pasado y el presente de Susan. Ambas están muy relacionadas, y tienen que ver con el amor y la culpa. Ford las envuelve en un paquete preciosista, con algunas imágenes deslumbrantes y un tono general de gran belleza, que resulta un tanto frío. Las historias funcionan; intrigan, sorprenden y avanzan a buen ritmo.  Lo que se cuenta tiene sentido, y al final sales pensando que has visto una muy buena película. El problema es que hay más de un momento en el que te preguntas si no se está pasando el director con tanta parafernalia estética. La historia es muy buena y el ritmo excelente,  pero me ha faltado algo para mantener la conexión emocional con el fondo, tal vez por exceso de ambición en la forma.